viernes, 4 de julio de 2008

San Patricio

Al mismo tiempo que el cristianismo ayudó a preservar la mitología celta (aunque de forma alterada), incorporó los relatos mitológicos en los hechos milagrosos de las vidas de los santos celtas. Verdaderamente, los santos cristianos no podían destacar en la batalla, pero sí adaptarse al género mitológico dentro del marco de los milagros que realizaban para propagar la fe.

San Patricio era hijo de un oficial romano, Patricio fue capturado en una incursión de un destacamento celta cuando era un muchacho, y pasó seis años en cautividad. Se escapó, se hizo sacerdote y volvió a Irlanda. Según la leyenda San Patricio es el responsable de la conversión de Irlanda a la Cristiandad y de la pérdida final de las antiguas creencias Célticas.

No es sorprendente que San Patricio (390-461 d.C.) el santo irlandés por excelencia, esté asociado a un gran número de milagros. Muchos de ellos están relacionados con la lucha del santo contra los druidas, ya que estos jefes religiosos tenían mucho que perder si se arraigaba el cristianismo.

Cuando san Patricio llegó por primera vez a la corte del rey Loeguire, el más alto rey de Irlanda, los dos druidas, Lochru y Lucetmail, contradijeron su sermón. Después de soportar las ofensas durante un tiempo, san Patricio oró a Dios para que le ayudara y rogó para que Lochru, el más tajante de los dos, muriera. Apenas habían pronunciado sus labios la última sílaba cuando una misteriosa fuerza levantó al pobre Lochru por los aires y lo hizo caer de cabeza contra el suelo, donde estalló su cráneo sobre una piedra y se desparramaron sus sesos. La descripción de esta herida mortal recuerda a los daños provocados por Cuchulain a sus enemigos de Connacht durante el Tain Bo Cualnge.

Más tarde, san Patricio fue artífice de hazañas no tan violentas. Cuando el druida Lucetmail le desafió a que fabricara nieve, el santo lo rechazó diciendo que no podía ir contra natura. Con un gesto de burla, Lucetmail creó un montón de nieve que cubrió los ejes de las ruedas de los carros. Entonces, san Patricio demostró su temple; alzó la mano y, con un simple movimiento, hizo que desapareciera la nieve. Sería contradecir a la naturaleza hacer que nevara en Irlanda en abril, explicó san Patricio al rey; en cambio, derretirla es lo que tiene que ser.

Entonces, Lucetmail trajo la oscuridad a la bora del mediodía. San Patricio, por el contrano, la disipó, también en este caso con un simple movimiento de su mano explicando, para el asombro de la corte, que los druidas solamente podían actuar para el mal; en cambio, la grandeza del cristianismo era tal que podía superar la magia en pro del bien.

Finalmente, san Patricio propuso una prueba para comparar el poder de los druidas y el de los cristianos. Ordenó que se construyera una casa de troncos de modo que la mitad fuera de madera húmeda y la otra mitad, de madera seca. Luego, dio instrucciones a uno de sus discípulos para que se cambiara la vestimenta por la de uno de los seguidores de Lucetmail. De este modo, el discípulo de san Patricio, vestido de druida, se alojó en la parte de la casa construida con madera húmeda, mientras que el de Lucetmail, con las ropas de cristiano, permaneció en la parte seca. Cuando todo estuvo preparado, Lucetmail prendió fuego a la casa. Para el asombro de todos los presentes, el druida se quemó mientras que el discípulo del santo salió ileso de las llamas. Dirigiéndose a la corte, san Patricio dijo: "Habéis contemplado el poder del Señor en la práctica. Os pido que creáis en nuestro señor Jesucristo. O de lo contrario, Dios os destruirá". Ni que decir tiene que el rey Loeguire y toda su corte pidieron al santo irlandés que los bautizara sin pérdida de tiempo.

Muchos de los mitos de los primeros santos celtas se refieren a su poder sobre los animales. San Ciarán de Clonmacnoise (515-545) amaestró a un zorro para que transportara su copia de salmos y cuando el zorro se los comió guiado por el hambre y atraído por su encuadernación de cuero, Ciarán perdonó al animal y lo salvó de sus enfadados perseguidores. Por la misericordia del santo, Dios restauró el salterio medio comido en su estado original.

Un día, a san Kevin de Glendalough se le cayó su copia de salmos al fondo de un lago. Pidió a una nutria que le sacara el libro, y así lo hizo el animal. Más adelante, la entrenó para que pescara un salmón todos los días y lo llevara hasta las cocinas del monasterio.

El ejemplo más famoso del poder de los santos celtas sobre los animales se manifiesta en la leyenda de san Columba de Iona (521-597) y el monstruo del lago Ness. En el 586, Columba marchó a Escocia para tratar de convertir a los fieros pictos encabezados por el rey Brud. Por el camino, él y sus seguidores llegaron a la orilla meridional del lago Ness y quisieron cruzar en un punto en el que había una soga colocada para atravesar el lago en una pequeña embarcación. Para su desgracia, llegaron justo en el momento en que salía a la superficie, cerca del bote, un monstruo gigantesco. Asustado, el pobre barquero saltó de la barca y el monstruo se lo tragó. Sin dudar lo más mínimo, Columba ordenó a uno de sus discípulos que cruzara el lago para coger la barca y la trajera de nuevo para que él y sus seguidores pudieran cruzar. El hombre se tiró al agua y comenzó a nadar hacia la barca. El monstruo, atraído por él, se lanzó a atacarle pero Columba, con un simple movimiento de su mano, hizo que la criatura se sumergiera y dejara al hombre en paz. El discípulo de Columba pudo traer de este modo la barca y el futuro santo, con su comitiva, cruzaron el lago sin ningún peligro. Cuando llegó a oídos del rey Brud y de su corte el encuentro con el monstruo, el soberano ordenó a su pueblo que aceptara el bautismo de la mano del santo. Este relato es, por otra parte, la primera referencia escrita que existe sobre el monstruo que ha fascinado desde entonces a santos y pecadores.