sábado, 28 de junio de 2008

La Mujer y su Poder

Destacan las aportaciones del geógrafo griego Estrabón, que nos describe la cultura y vida de este pueblo. Vivían en un tipo peculiar de asentamiento: el castro. Se trata de un poblado fortificado situado en zonas altas para facilitar su defensa. Las viviendas eran de tipo circular y se hallan defendidas por murallas. La economía se basaba en la agricultura de tipo cerealista, la ganadería, la caza (ciervo, jabalí), la pesca y el marisqueo. En minería explotaban el hierro, el oro y el plomo. Establecieron relaciones comerciales entre sí y con otros pueblos como los griegos, aunque desconocemos si utilizaron algún tipo de moneda. En el aspecto social se trataba de una sociedad sin Estado, siendo la unidad más elemental el clan que se identifica con la familia, le sigue la centuria como unidad político-militar, varias centurias formarían un populus que dominarían un territorio determinado. La cultura castreña estaba basada en una organización matriarcal en el sentido de que son las mujeres las que heredan la tierra, dirigen la vida familiar y económica, reservando al hombre para tareas de guerra.

Paradójicamente a lo que hoy ocurre en una gran parte de las culturas, religiones y panteones míticos, el mundo femenino tuvo en los primeros momentos de cada una de las sociedades primitivas una relevancia que le hacía tener realmente la primacía y el control social. No es menos evidente que con el paso del tiempo ese predominio inicial de lo femenino fue cambiando y transformándose en un radical control masculino de la sociedad. Este desarrollo que en el mundo terrenal es más que evidente, no lo es menos en el plano mítico. Las mitologías no son algo impuesto y ajeno a lo humano, sino que son desarrolladas, creadas, inventadas y transmitidas por hombres y mujeres que reflejan en los dioses las pasiones humanas, desde las más bajas hasta las más excelsas. Como podemos suponer, y también comprobar, Cantabria no fue una isla en lo que a esta evolución mítica y social se refiere, es más, nuestra región aporta componentes de verdadera importancia para el estudio de las sociedades antiguas, tanto en el plano mitológico como en el etnográfico.

El culto primitivo se encontraba claramente vinculado a la naturaleza. En este mismo sentido nos encontramos con que los primeros elementos generadores de vida se asocian en muchos de los pueblos que estamos viendo con la feminidad. Sin duda la tierra es una divinidad femenina y por medio de esta madre tierra se engendran los principales elementos naturales. Casi todas las religiones, sociedades y mitologías que nos sirven de referencia tienen como divinidades primigenias a un componente femenino. Entre los griegos encontramos a Gea, asumida en parte por los romanos, aunque la más significativa e interesante para el estudio de los cántabros es Dana, la verdadera Diosa Madre de los celtas y en gran medida de los indoeuropeos. La importancia de las divinidades femeninas en el mundo mítico céltico es realmente grande, y al contrario de lo que ocurrió entre romanos o griegos se conservó vigente durante mucho tiempo. Esta divinidad es sin duda la primordial para numerosas sociedades del ámbito céltico, lo cual nos invita a preguntarnos que, si bien es cierto que Cantabria mantuvo intactas numerosas influencias de estos pueblos, ¿acaso no conservamos también este predominio mítico y terrenal de lo femenino? La respuesta es afirmativa, tanto en el plano mítico como en el humano. Los testimonios de la sociedad cántabra son más abundantes que los mitológicos, sin embargo como hemos comentado anteriormente, la religión y el mito es el fiel reflejo de la sociedad con las variaciones y connotaciones necesarias.

Por lo tanto, es más que evidente que durante mucho tiempo la cultura de Cantabria fue de tipo matriarcal; es decir, la mujer tenía en diversos planos de la sociedad el papel preponderante y servía de claro referente para su pueblo. Los elementos que nos inducen a pensar en una ginecocracia entre los cántabros son numerosos, tan sólo aportaremos los más destacados como son los matrimonios efectuados mediante la dote del hombre y no de la mujer como ocurría en estructuras patriarcales. La herencia se transmitía de manera matrilineal, lo que indica que la hacienda pertenecía por completo a la mujer. Eran las mujeres quienes buscaban esposa a sus hermanos, además de aportarles el ajuar necesario. La mujer se ocupaba de las tareas del campo, dedicándose el hombre a la caza y a la guerra. Aunque a tenor de los testimonios de autores como Estrabón no podríamos afirmar con total rotundidad que la mujer no participara del combate. Aunque parece evidente que el peso de la lucha lo soportaban los guerreros masculinos, no parece menos cierto que la fiereza de este pueblo era extensible a la mujer, abundantes relatos muestran su fortaleza. Quizá no podemos hablar de amazonas guerreras como las de otros pueblos, por ejemplo entre los britanos cercanos a Caledonia, Escocia, encontramos a Boudicca que encabeza la revuelta de su pueblo contra Roma; sin embargo, habría que dejar la puerta abierta a nuevos estudios que despejen y clarifiquen el verdadero papel de la mujer cántabra en la guerra. Otra práctica más que conocida y que escandalizaba tanto a los pueblos de la península itálica, era la covada, esta costumbre consistía en que cuando daba a luz la esposa, era el marido quien inmediatamente se metía en la cama con el hijo y ambos eran atendidos por la mujer. Otro rasgo que continúa certificando este matriarcado en la Cantabria antigua es aquel que muestra que en la familia la figura masculina con verdadera autoridad no era el marido, sino el tío por parte materna, en latín el Avunculus, por eso este tipo relación familiar se denomina Avunculado. El padre no tiene un papel relevante en su casa, sino que ejerce como cabeza de familia en el hogar de su hermana.

Pero, ¿existió una verdadera Diosa Madre entre los cántabros? Si bien los testimonios escritos no son numerosos, los indicios que encontramos en los diferentes ámbitos de estudio no permiten realizar esta afirmación. Muchas son las divinidades femeninas cántabras, sin embargo una verdaderamente interesante es la que encontramos en un ara votiva en Topusko, en la cuenca Danubiana, en la extinta Yugoslavia, como nos transmite J. González Echegaray. Actualmente se halla en el Museo Agramense y dice así :
CANTABRIA \ SACR (um),\
CUSTOD (es) \ EIUSDEM
Monumento sagrado a Cantabria, sus propios guardianes (lo pusieron).
Habría sido realizada por alguno o algunos de los numerosos guerreros cántabros, mercenarios que partieron a tierras lejanas de la mano de las legiones romanas. Echegaray ve en esta Cantabria una Diosa Madre de los cántabros, y bien pudiera ser así. Están muy extendidos los testimonios en los que los topónimos se asocian con deidades.

Es también claro que con la evolución de la cultura cántabra algunas divinidades femeninas fueron perdiendo fuerza en beneficio de deidades masculinas como por ejemplo el dios de la guerra. Esta circunstancia se vio acentuada con la llegada de la influencia romana que ponía el acento en el mundo masculino, perdida ya la influencia femenina de su época inicial. Sin embargo no nos olvidemos de divinidades de Cantabria como Deva o Epana, claros referentes femeninos.

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